¡¡¡Feliz cumpleaños!!!
jueves, 27 de octubre de 2016
Hoy es el cumpleaños de Josefa
No te conozco en persona pero creo que quedarías muy bien de aviadora, por eso para tu cumpleaños he preparado la felicitación con una escena de la película "Amelia"
miércoles, 26 de octubre de 2016
Alitas de pollo a la cerveza
1 kg de alitas de pollo limpias y desplumadas
3 dientes de ajo
50 ml de aceite de oliva virgen extra
1 bote de cerveza 250 ml
1 cucharadita de orégano seco y molido
1 cucharadita de pimentón de la Vera dulce
Sal
Pimienta negra molida
Preparación:
Las colocamos libres de pelitos en una fuente y salpimentamos. Pelamos los dientes de ajo. Los troceamos finamente, si tenéis un aplasta-ajos mucho mejor, así se juntará la pasta mucho mejor con el resto de ingredientes.
Añadimos la cerveza (los 250 ml.), el orégano molido, el pimentón de la Vera, la pimienta negra y sal.
Mezclamos las alitas de pollo con el marinado. Esperamos a que marinen dentro de la nevera durante una media hora. Con la ayuda de un colador, escurrimos la salsa de cerveza de las alitas de pollo..
Precalentamos el horno a 200º C, calor arriba y abajo y aire.
Con el aderezo básico de ajo, orégano, pimienta y sal que hemos hecho a la alitas ya sería suficiente para ir al horno y estarían muy buenas. Pero con la cerveza le vamos a dar mucho más sabor.
Depende de la cerveza que empleemos tendremos más o menos sabor y aroma. No es lo mismo emplear una cerveza negra que una rubia y la graduación también influye. Aunque casi todo el alcohol se evapora con la cocción en el horno.
Engrasamos una fuente de horno con el aceite de oliva virgen extra (con un poco es suficiente, recordad que la piel de las alitas suelta su grasa) y colocamos las alitas en una bandeja grande. Vertemos la mitad del líquido que hemos escurrido del marinado. Dejamos el resto del líquido para añadirlo a mitad de horneado cuando les demos la vuelta.
Las metemos en el horno a 180° C y dejamos que se asen durante 30 minutos. A mitad del horneado les damos la vuelta con un tenedor y vertemos el resto del líquido, así quedarán doradas por los dos lados.
Comprueba que las alitas de pollo a la cerveza estén doradas y en su punto y retíralas del horno. Una vez horneadas las servimos en una bandeja bien calientes y nos las comemos con las manos.
En ese tiempo de horneado podemos preparar un arroz blanco como acompañamiento. También podéis servir con unos guisantes cocidos o con unos champiñones en salsa como en la presentación que podéis ver en la foto principal, así completáis un cena redonda. Servimos caliente y todo junto.
Fuente: http://recetasderechupete.hola.com/alitas-de-pollo-a-la-cerveza/10493/
martes, 25 de octubre de 2016
Hoy es el cumpleaños de Jimena
Que es una niña muy pizpireta, por eso para su cumple he elegido la película Annie pero con unos rizos mucho más divertidos.
¡¡¡Feliz cumpleaños!!!
lunes, 24 de octubre de 2016
Astral

El pasado domingo 16 de octubre se estrenó el documental Astral en Salvados, el programa de Jordi Évole, en el que el periodista catalán acompañaba al equipo de la ONG española Proactiva Open Arms en el viaje más duro por las costas de Libia, donde a diario, casi como si del goteo más cruel se tratase, rescatan migrantes y refugiados que han naufragado en su sueño de llegar a Europa por el Mediterráneo.
Lo hacen a bordo del Astral, un yate de lujo cedido para tal fin por Livio Lo Monaco, el empresario milanés rey de los colchones, que se enamoró de esta embarcación (encargada en 1970 por un un superviviente de Pearl Harbor) en 2006 en las aguas de un puerto granadino.
El documental ha podido verse en las últimas semanas en 130 cines de toda España y toda la recaudación irá destinada a Proactiva Open Arms.
Muchas veces nos quejamos sin darnos cuenta de que en realidad, por muchos problemas que tengamos, somos unos privilegiados, que no podemos y por supuesto, no debemos abandonar a los que no han tenido tanta suerte como nosotros.
Muchas veces nos quejamos sin darnos cuenta de que en realidad, por muchos problemas que tengamos, somos unos privilegiados, que no podemos y por supuesto, no debemos abandonar a los que no han tenido tanta suerte como nosotros.
domingo, 23 de octubre de 2016
Historias de Madrid, la casa de las siete chimeneas
El Banco Urquijo había comprado en 1958 aquel curioso edificio, coronado por siete chimeneas y cargado de historias y leyendas. Los arquitectos José Antonio Domínguez Salazar y Fernando Chueca se habían encargado de realizar los planos de las reformas que se llevarían a cabo en él. Ahora ya solamente quedaban algunas cuadrillas terminando y retocando el interior.
El encargado de las obras se encontraba en una taberna cercana cuando uno de los operarios entró como poseído por el diablo.
—¡Señor, disculpe!
El ingeniero tragó el trozo de queso que masticaba.
—¿Ocurre algo?
—Verá, señor... ¡Hemos encontrado un cadáver emparedado en el sótano!
—¿Qué me dices?
El ingeniero se tomó de un trago el vino que le quedaba y se marchó a toda prisa.
—¡Mariano, apúntame el almuerzo, luego te lo pago!
Llegaron a la carrera y bajaron rápidamente al sótano, allí les esperaban cuatro o cinco obreros que miraban curiosos la pared. El capataz puso orden al ver aparecer al ingeniero.
—¡Venga, señores, a sus puestos! ¡Esto no es un circo!
—¿Qué habéis encontrado? —preguntó el recién llegado.
El capataz le señaló el muro.
—Estaban picando en esa pared cuando el muro ha cedido y nos hemos encontrado con una parte de este esqueleto asomando.
El ingeniero se quedó perplejo viendo aquel cuerpo momificado que asomaba por el muro.
—¡Vaya por Dios, lo que nos faltaba! A ver... Dejadlo como está. Hay que llamar a las autoridades y que sean ellas las que dictaminen lo que tenemos que hacer.
A la media hora aparecieron por las obras un comisario de policía y un forense. El ingeniero les mostró lo que habían encontrado. El forense hizo una primera identificación.
—Parece el cadáver de un varón, yo diría de unos cincuenta años.
—¿Es un cadáver reciente o lleva tiempo emparedado? —El comisario quería saber si habría que empezar a investigar un delito reciente.
—Por lo que puedo observar creo que lleva aquí más de cien años, al menos. Pero ya sabes que necesito llevármelo para realizar un estudio más profundo.
—Está bien. ¿Qué te hace falta?
—De momento, que un operario me ayude a terminar de desenterrar de la pared el cadáver. Luego ya me encargo yo de transportarlo a mi laboratorio.
El capataz se puso manos a la obra. Con mucho cuidado fue quitando el cemento y la arena que aún tapaban aquellos restos. El forense sacó de su funda de cuero una cámara, una Werlisa star negra y plateada con la que realizó varias fotografías. También dibujó un croquis a mano alzada de la posición en la que habían encontrado los huesos.
—¡Esto da un poco de angustia! —exclamó el capataz, que no estaba acostumbrado a desenterrar cuerpos.
—Eso ocurre solamente con los cien primeros que ves —contestó con sorna el forense.
Una vez que pudieron extraer el cuerpo, limpió los huesos con un cepillo y los introdujo cuidadosamente en un saco de tela.
—Bueno, creo que ya hemos terminado.
El comisario y el forense se despidieron del capataz.
—Echen un vistazo más a este sótano, no vaya a ser que se encuentren alguna nueva sorpresa —dijo el comisario mientras le entregaba al ingeniero una tarjeta.
—Si hay más novedades, llámenme.
El forense se llevó el cadáver a su laboratorio y comenzó con la investigación. Marcó el número de teléfono de un amigo que era cronista de la villa, quería saber algo más de aquel curioso edificio en el que se habían encontrado los huesos. Conociendo la historia, podría averiguar con más exactitud a quién pertenecía aquella osamenta.
—¿Rafael López?
—¡Al aparato! ¿A quién tengo el gusto de saludar?
—Soy Félix Hernando.
—¡Hombre, Félix! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal van tus cadáveres?
—Cómo eres... Van bien, van bien.
—Dime... ¿En qué puedo ayudarte?
—Pues precisamente te tengo que hablar de un cadáver. —El forense escuchó una risa al otro lado del teléfono—. He encontrado un esqueleto emparedado en el sótano de la casa de las siete chimeneas. Parece ser que la están reformando. ¿Conoces el edificio?
—¡No me ofendas... claro que lo conozco! No vayas a creer que soy cronista de la villa por enchufe. —Ahora el que se reía era el forense—. Déjame un par de días para rebuscar en mi biblioteca y me paso por tu despacho para hablarte de este edificio cargado de leyendas, seguro que te vas a llevar más de una sorpresa.
—Perfecto, te espero el jueves en mi despacho. Nos tomaremos un café.
—Hasta entonces.
Dos días después apareció en el despacho de Félix su amigo el historiador. El forense tenía depositado sobre una gran mesa cubierta con una tela negra el cadáver recientemente encontrado.
—¿Se puede?
—¡Por supuesto! —Los dos amigos se fundieron en un fuerte abrazo.
—Ya veo que tienes a tu amiguito ahí tumbado.
—Sí, ya ves... ¡No me da ninguna guerra y me come poco! Veo que vienes con una carpeta... ¿Has traído apuntes, o qué?
—¡Desde luego, ya me conoces! Además, es que de esta casa hay mucho que contar. ¿Conoces algo de la historia del edificio?
—No, nada, tan solo los comentarios de algunos obreros, ya sabes, historias de fantasmas... Me contaron que los vecinos aseguran que de vez en cuando se aparece una mujer en los tejados con un camisón blanco...
El historiador soltó una sonora carcajada.
—A eso precisamente me refería. La casa tiene muchas leyendas. Por cierto, ¿sabías que no es el único esqueleto que se ha encontrado emparedado?
—No tenía ni idea. ¡Cuenta, cuenta!
—Esta casa ha tenido infinidad de dueños desde su construcción. En 1881, el inmueble fue adquirido por don Jaime Girona Agrafiel, marqués de Estella para más señas, un financiero catalán que, junto con el marqués de Vinent, había fundado el Banco de Castilla. Compró la casa para instalar allí su sede madrileña. Al igual que ahora, durante las obras de reforma del edificio apareció el esqueleto de una joven emparedada. Cuentan que se encontró a la momia con un puñal atravesándola y una bolsa con monedas de oro de la época de Felipe II.
—Curioso. Lo investigaré. Seguro que ese esqueleto se conserva en algún hospital. Dices que se encontraron monedas de la época de Felipe II, pero... ¿de cuándo es esta construcción?
—¡Muy antigua! Este edificio es uno de los pocos que quedan en pie de la época de Felipe II. A ver, te cuento..., aquí se mezcla la documentación histórica con la leyenda, pero en algún antiguo libro he leído que esta casa la mandó construir Felipe II como regalo a una de sus amantes.
—¿A una de sus amantes? ¿Qué pasa, tenía varias?
El historiador sonrió:
—Más de una y más de dos. ¡Eran otros tiempos! Bueno... déjame continuar.
—¡Espera! ¿Te apetece que nos suban un café?
—No estaría mal, porque hay mucho que contar.
El forense mandó a su ayudante a la taberna de la esquina para que subiera dos cafés y algunas pastas.
—Como te decía... Al parecer, la rumorología cuenta que Felipe II se enamoró de una bella joven, la hija de uno de sus secretarios. Como premio por sus favores construyó esta casa en 1574. Se dice que hasta el arquitecto Juan de Herrera participó en el diseño del elegante edificio. Aquella relación había que esconderla y el rey presentó a la joven a un apuesto oficial de su ejército, el capitán Zapata, que se casó con ella. El rey quería así disimular. Lo curioso es que a los pocos días llamaron a filas al capitán, que tuvo que partir al frente para combatir en Flandes en la famosa batalla de San Quintín, donde casualmente perdió la vida.
—¿Tú crees que aquella muerte fue planeada?
El cronista de la villa sonrió:
—Yo soy historiador y, como tal, necesito pruebas. En este caso no encontramos ningún documento que hable de conspiración ni de nada parecido.
El joven ayudante entró con los cafés y las pastas, interrumpiendo por unos segundos la conversación. Al poco tiempo los dos amigos volvieron a quedarse solos.
—El rey se las prometía felices, pero con lo que no contaba era con que su joven amante se hubiera enamorado perdidamente del apuesto capitán fallecido. Aquella hermosa mujer jamás perdonó al monarca que apartara de su vida a su marido, y se encerró en casa, atormentada por la reciente pérdida. Dejó de comer y dicen que se volvió loca, que vagaba por la casa en camisón con la mirada perdida. Lo cierto es que una mañana apareció muerta, unos dicen que se suicidó, otros que la asesinaron cumpliendo órdenes de Felipe II. Lo más curioso de todo es que su cadáver desapareció y nunca más se supo de ella.
—¿Crees que es el esqueleto que apareció con las monedas?
—Creo que sí, pero repito, querido amigo, que yo si no lo veo no lo creo. También puede ser que el cadáver que tienes sobre la mesa sea el de su padre, que igualmente desapareció.
—¿Y eso?
—La leyenda cuenta que se suicidó y, como bien sabes, en aquella época a los suicidas no se les enterraba en los cementerios cristianos. Muchos cadáveres han aparecido emparedados precisamente para ocultar una muerte tan indigna.
—Vaya una historia curiosa...
—Sí, por eso, a partir de ese momento, comenzó a extenderse la leyenda de que algunas veces se veía en el tejado a una joven vestida con un camisón blanco, dicen que reclamando venganza. Hay crónicas que aseguran que el primer testigo de la fantasmagórica aparición fue un agricultor que regresaba con su mula del campo cuando ya había anochecido. El hombre se quedó aterrorizado con aquella joven en camisón caminando por el tejado.
El forense terminó el café de un trago. La historia le había dejado tan impresionado que no probó las pastas.
—Pero esto no es todo...
—¿Aún hay más?
—Sí, porque la casa fue pasando de mano en mano. La llegó a comprar un curioso personaje llamado Francisco de Sande, que sería gobernador de Filipinas. Como estaba la mayor parte de su tiempo en las Américas, la propiedad se alquiló a numerosas personalidades, entre otros al marqués de Mondéjar, al duque de Maqueda e incluso a Gaspar Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia. Después llegarían diversos embajadores, hasta que en 1759 acogió a otro de sus inquilinos más famosos: el marqués de Esquilache.
—¡Venga ya...! ¿En serio?
—Todo lo que te estoy contando está documentado. —El historiador comió un par de pastas, terminó el café y se dispuso a continuar—. Como bien sabes, cuando Carlos III llegó a España procedente de Nápoles lo hizo acompañado de varios de sus colaboradores, entre ellos Esquilache, al que nombró secretario de Estado de Hacienda. Esquilache hizo grandes cosas en Madrid, pero también se ganó un buen número de enemigos que consiguieron, tras el célebre motín que lleva su nombre, que el rey lo mandara de regreso a Nápoles. Se cuenta que el pueblo de Madrid se dirigió a su «casa de las siete chimeneas» y que, al no encontrarlo allí, destrozaron todo lo que encontraron a su paso. Lanzaron los muebles y enseres por los balcones y quemaron todo cuanto poseía la familia. Durante la revuelta, siempre según la leyenda, los amotinados asesinaron a uno de sus mayordomos. Es posible que también pudiera ser el esqueleto que estás investigando.
—¡Vaya historia que tiene la famosa casa. No me extraña que hayas tardado dos días en reunir la información! Una pregunta... ¿Lo de las siete chimeneas?
—De nuevo remitiéndonos a la leyenda, se dice que representan los siete pecados capitales. Aunque la primera constancia de las chimeneas no la tenemos hasta 1631. Por cierto, mira este plano que te he traído. —El historiador abrió la carpeta y sacó un plano bastante gastado—. Es una copia de un plano de Pedro Texeira de 1656 en el que aparece la casa. ¿La ves?
—Sí, qué curioso.
—Mucho más sorprendente es si cuentas las chimeneas dibujadas en el plano. —El forense acercó una lupa al mapa.
—Una, dos, tres... —contó hasta ocho—. ¿Ocho?
—Sí, no se sabe si fue un error del cartógrafo o si, con alguna de las reformas, una de las chimeneas se eliminó.
—¡Estoy realmente impresionado! ¿Ha sido algo más esta famosa casa?
—Ha tenido muchos inquilinos. Ten en cuenta que es uno de los pocos edificios que aún se conservan de la época de Felipe II. En ella, como te he contado, vivieron varios marqueses y embajadores... Por ejemplo, durante la dictadura de Primo de Rivera fue sede de un club denominado Lyceum Club Femenino, con socias tan importantes como María de Maeztu. Después de la Guerra Civil pasaría a manos de la Falange y más tarde llegó a albergar en su interior la fábrica de Maizena, otra de productos de perfumería, y ahora... ¡Un banco!
—Realmente me has dejado impresionado. Ya entiendo por qué eres oficialmente el cronista de la Villa y Corte —el historiador sonrió.
—¿Por fin te das cuenta de que mi cargo no se debe a los enchufes?
—¡Por fin me lo creo! ¿Me permites que te invite a comer? Creo que te lo has merecido.
—¡Por supuesto! ¿Dónde vamos?
—¿Te gustan los callos?
—¿Y se lo preguntas a un madrileño?
—Sí, es verdad, la duda ofende. ¿Conoces Casa Perico, en la calle Ballesta?
—No lo conozco.
—¡Pues vas a saber lo que es bueno. Venga, vámonos antes de que se nos aparezca algún fantasma!
ALGUNOS DATOS DE INTERÉS:
El encargado de las obras se encontraba en una taberna cercana cuando uno de los operarios entró como poseído por el diablo.
—¡Señor, disculpe!
El ingeniero tragó el trozo de queso que masticaba.
—¿Ocurre algo?
—Verá, señor... ¡Hemos encontrado un cadáver emparedado en el sótano!
—¿Qué me dices?
El ingeniero se tomó de un trago el vino que le quedaba y se marchó a toda prisa.
—¡Mariano, apúntame el almuerzo, luego te lo pago!
Llegaron a la carrera y bajaron rápidamente al sótano, allí les esperaban cuatro o cinco obreros que miraban curiosos la pared. El capataz puso orden al ver aparecer al ingeniero.
—¡Venga, señores, a sus puestos! ¡Esto no es un circo!
—¿Qué habéis encontrado? —preguntó el recién llegado.
El capataz le señaló el muro.
—Estaban picando en esa pared cuando el muro ha cedido y nos hemos encontrado con una parte de este esqueleto asomando.
El ingeniero se quedó perplejo viendo aquel cuerpo momificado que asomaba por el muro.
—¡Vaya por Dios, lo que nos faltaba! A ver... Dejadlo como está. Hay que llamar a las autoridades y que sean ellas las que dictaminen lo que tenemos que hacer.
A la media hora aparecieron por las obras un comisario de policía y un forense. El ingeniero les mostró lo que habían encontrado. El forense hizo una primera identificación.
—Parece el cadáver de un varón, yo diría de unos cincuenta años.
—¿Es un cadáver reciente o lleva tiempo emparedado? —El comisario quería saber si habría que empezar a investigar un delito reciente.
—Por lo que puedo observar creo que lleva aquí más de cien años, al menos. Pero ya sabes que necesito llevármelo para realizar un estudio más profundo.
—Está bien. ¿Qué te hace falta?
—De momento, que un operario me ayude a terminar de desenterrar de la pared el cadáver. Luego ya me encargo yo de transportarlo a mi laboratorio.
El capataz se puso manos a la obra. Con mucho cuidado fue quitando el cemento y la arena que aún tapaban aquellos restos. El forense sacó de su funda de cuero una cámara, una Werlisa star negra y plateada con la que realizó varias fotografías. También dibujó un croquis a mano alzada de la posición en la que habían encontrado los huesos.
—¡Esto da un poco de angustia! —exclamó el capataz, que no estaba acostumbrado a desenterrar cuerpos.
—Eso ocurre solamente con los cien primeros que ves —contestó con sorna el forense.
Una vez que pudieron extraer el cuerpo, limpió los huesos con un cepillo y los introdujo cuidadosamente en un saco de tela.
—Bueno, creo que ya hemos terminado.
El comisario y el forense se despidieron del capataz.
—Echen un vistazo más a este sótano, no vaya a ser que se encuentren alguna nueva sorpresa —dijo el comisario mientras le entregaba al ingeniero una tarjeta.
—Si hay más novedades, llámenme.
El forense se llevó el cadáver a su laboratorio y comenzó con la investigación. Marcó el número de teléfono de un amigo que era cronista de la villa, quería saber algo más de aquel curioso edificio en el que se habían encontrado los huesos. Conociendo la historia, podría averiguar con más exactitud a quién pertenecía aquella osamenta.
—¿Rafael López?
—¡Al aparato! ¿A quién tengo el gusto de saludar?
—Soy Félix Hernando.
—¡Hombre, Félix! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal van tus cadáveres?
—Cómo eres... Van bien, van bien.
—Dime... ¿En qué puedo ayudarte?
—Pues precisamente te tengo que hablar de un cadáver. —El forense escuchó una risa al otro lado del teléfono—. He encontrado un esqueleto emparedado en el sótano de la casa de las siete chimeneas. Parece ser que la están reformando. ¿Conoces el edificio?
—¡No me ofendas... claro que lo conozco! No vayas a creer que soy cronista de la villa por enchufe. —Ahora el que se reía era el forense—. Déjame un par de días para rebuscar en mi biblioteca y me paso por tu despacho para hablarte de este edificio cargado de leyendas, seguro que te vas a llevar más de una sorpresa.
—Perfecto, te espero el jueves en mi despacho. Nos tomaremos un café.
—Hasta entonces.
Dos días después apareció en el despacho de Félix su amigo el historiador. El forense tenía depositado sobre una gran mesa cubierta con una tela negra el cadáver recientemente encontrado.
—¿Se puede?
—¡Por supuesto! —Los dos amigos se fundieron en un fuerte abrazo.
—Ya veo que tienes a tu amiguito ahí tumbado.
—Sí, ya ves... ¡No me da ninguna guerra y me come poco! Veo que vienes con una carpeta... ¿Has traído apuntes, o qué?
—¡Desde luego, ya me conoces! Además, es que de esta casa hay mucho que contar. ¿Conoces algo de la historia del edificio?
—No, nada, tan solo los comentarios de algunos obreros, ya sabes, historias de fantasmas... Me contaron que los vecinos aseguran que de vez en cuando se aparece una mujer en los tejados con un camisón blanco...
El historiador soltó una sonora carcajada.
—A eso precisamente me refería. La casa tiene muchas leyendas. Por cierto, ¿sabías que no es el único esqueleto que se ha encontrado emparedado?
—No tenía ni idea. ¡Cuenta, cuenta!
—Esta casa ha tenido infinidad de dueños desde su construcción. En 1881, el inmueble fue adquirido por don Jaime Girona Agrafiel, marqués de Estella para más señas, un financiero catalán que, junto con el marqués de Vinent, había fundado el Banco de Castilla. Compró la casa para instalar allí su sede madrileña. Al igual que ahora, durante las obras de reforma del edificio apareció el esqueleto de una joven emparedada. Cuentan que se encontró a la momia con un puñal atravesándola y una bolsa con monedas de oro de la época de Felipe II.
—Curioso. Lo investigaré. Seguro que ese esqueleto se conserva en algún hospital. Dices que se encontraron monedas de la época de Felipe II, pero... ¿de cuándo es esta construcción?
—¡Muy antigua! Este edificio es uno de los pocos que quedan en pie de la época de Felipe II. A ver, te cuento..., aquí se mezcla la documentación histórica con la leyenda, pero en algún antiguo libro he leído que esta casa la mandó construir Felipe II como regalo a una de sus amantes.
—¿A una de sus amantes? ¿Qué pasa, tenía varias?
El historiador sonrió:
—Más de una y más de dos. ¡Eran otros tiempos! Bueno... déjame continuar.
—¡Espera! ¿Te apetece que nos suban un café?
—No estaría mal, porque hay mucho que contar.
El forense mandó a su ayudante a la taberna de la esquina para que subiera dos cafés y algunas pastas.
—Como te decía... Al parecer, la rumorología cuenta que Felipe II se enamoró de una bella joven, la hija de uno de sus secretarios. Como premio por sus favores construyó esta casa en 1574. Se dice que hasta el arquitecto Juan de Herrera participó en el diseño del elegante edificio. Aquella relación había que esconderla y el rey presentó a la joven a un apuesto oficial de su ejército, el capitán Zapata, que se casó con ella. El rey quería así disimular. Lo curioso es que a los pocos días llamaron a filas al capitán, que tuvo que partir al frente para combatir en Flandes en la famosa batalla de San Quintín, donde casualmente perdió la vida.
—¿Tú crees que aquella muerte fue planeada?
El cronista de la villa sonrió:
—Yo soy historiador y, como tal, necesito pruebas. En este caso no encontramos ningún documento que hable de conspiración ni de nada parecido.
El joven ayudante entró con los cafés y las pastas, interrumpiendo por unos segundos la conversación. Al poco tiempo los dos amigos volvieron a quedarse solos.
—El rey se las prometía felices, pero con lo que no contaba era con que su joven amante se hubiera enamorado perdidamente del apuesto capitán fallecido. Aquella hermosa mujer jamás perdonó al monarca que apartara de su vida a su marido, y se encerró en casa, atormentada por la reciente pérdida. Dejó de comer y dicen que se volvió loca, que vagaba por la casa en camisón con la mirada perdida. Lo cierto es que una mañana apareció muerta, unos dicen que se suicidó, otros que la asesinaron cumpliendo órdenes de Felipe II. Lo más curioso de todo es que su cadáver desapareció y nunca más se supo de ella.
—¿Crees que es el esqueleto que apareció con las monedas?
—Creo que sí, pero repito, querido amigo, que yo si no lo veo no lo creo. También puede ser que el cadáver que tienes sobre la mesa sea el de su padre, que igualmente desapareció.
—¿Y eso?
—La leyenda cuenta que se suicidó y, como bien sabes, en aquella época a los suicidas no se les enterraba en los cementerios cristianos. Muchos cadáveres han aparecido emparedados precisamente para ocultar una muerte tan indigna.
—Vaya una historia curiosa...
—Sí, por eso, a partir de ese momento, comenzó a extenderse la leyenda de que algunas veces se veía en el tejado a una joven vestida con un camisón blanco, dicen que reclamando venganza. Hay crónicas que aseguran que el primer testigo de la fantasmagórica aparición fue un agricultor que regresaba con su mula del campo cuando ya había anochecido. El hombre se quedó aterrorizado con aquella joven en camisón caminando por el tejado.
El forense terminó el café de un trago. La historia le había dejado tan impresionado que no probó las pastas.
—Pero esto no es todo...
—¿Aún hay más?
—Sí, porque la casa fue pasando de mano en mano. La llegó a comprar un curioso personaje llamado Francisco de Sande, que sería gobernador de Filipinas. Como estaba la mayor parte de su tiempo en las Américas, la propiedad se alquiló a numerosas personalidades, entre otros al marqués de Mondéjar, al duque de Maqueda e incluso a Gaspar Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia. Después llegarían diversos embajadores, hasta que en 1759 acogió a otro de sus inquilinos más famosos: el marqués de Esquilache.
—¡Venga ya...! ¿En serio?
—Todo lo que te estoy contando está documentado. —El historiador comió un par de pastas, terminó el café y se dispuso a continuar—. Como bien sabes, cuando Carlos III llegó a España procedente de Nápoles lo hizo acompañado de varios de sus colaboradores, entre ellos Esquilache, al que nombró secretario de Estado de Hacienda. Esquilache hizo grandes cosas en Madrid, pero también se ganó un buen número de enemigos que consiguieron, tras el célebre motín que lleva su nombre, que el rey lo mandara de regreso a Nápoles. Se cuenta que el pueblo de Madrid se dirigió a su «casa de las siete chimeneas» y que, al no encontrarlo allí, destrozaron todo lo que encontraron a su paso. Lanzaron los muebles y enseres por los balcones y quemaron todo cuanto poseía la familia. Durante la revuelta, siempre según la leyenda, los amotinados asesinaron a uno de sus mayordomos. Es posible que también pudiera ser el esqueleto que estás investigando.
—¡Vaya historia que tiene la famosa casa. No me extraña que hayas tardado dos días en reunir la información! Una pregunta... ¿Lo de las siete chimeneas?
—De nuevo remitiéndonos a la leyenda, se dice que representan los siete pecados capitales. Aunque la primera constancia de las chimeneas no la tenemos hasta 1631. Por cierto, mira este plano que te he traído. —El historiador abrió la carpeta y sacó un plano bastante gastado—. Es una copia de un plano de Pedro Texeira de 1656 en el que aparece la casa. ¿La ves?
—Sí, qué curioso.
—Mucho más sorprendente es si cuentas las chimeneas dibujadas en el plano. —El forense acercó una lupa al mapa.
—Una, dos, tres... —contó hasta ocho—. ¿Ocho?
—Sí, no se sabe si fue un error del cartógrafo o si, con alguna de las reformas, una de las chimeneas se eliminó.
—¡Estoy realmente impresionado! ¿Ha sido algo más esta famosa casa?
—Ha tenido muchos inquilinos. Ten en cuenta que es uno de los pocos edificios que aún se conservan de la época de Felipe II. En ella, como te he contado, vivieron varios marqueses y embajadores... Por ejemplo, durante la dictadura de Primo de Rivera fue sede de un club denominado Lyceum Club Femenino, con socias tan importantes como María de Maeztu. Después de la Guerra Civil pasaría a manos de la Falange y más tarde llegó a albergar en su interior la fábrica de Maizena, otra de productos de perfumería, y ahora... ¡Un banco!
—Realmente me has dejado impresionado. Ya entiendo por qué eres oficialmente el cronista de la Villa y Corte —el historiador sonrió.
—¿Por fin te das cuenta de que mi cargo no se debe a los enchufes?
—¡Por fin me lo creo! ¿Me permites que te invite a comer? Creo que te lo has merecido.
—¡Por supuesto! ¿Dónde vamos?
—¿Te gustan los callos?
—¿Y se lo preguntas a un madrileño?
—Sí, es verdad, la duda ofende. ¿Conoces Casa Perico, en la calle Ballesta?
—No lo conozco.
—¡Pues vas a saber lo que es bueno. Venga, vámonos antes de que se nos aparezca algún fantasma!
ALGUNOS DATOS DE INTERÉS:
sábado, 22 de octubre de 2016
Os presento a Cara
Ese es su nombre, aunque no estoy segura de si se lo cambiaré por Sisi, que es lo que tenía pensado antes.
Por fin el pasado día 20 conseguí una cita y formalice su adopción. Claro que estaba tan sucia y con el pelo tan enmarañado que hemos tenido que llevarla a la peluquería y la han tenido que pelar pues no había forma de quitarle los nudos
Se nos ha quedado en nada, pero es muy simpática, con muchas ganas de jugar y mucha vitalidad, creo que voy a tener que darme de baja en el gimnasio porque la tengo que bajar a pasear 4 o 5 veces al día y me lleva corriendo todo el rato.
Fue llegar a casa y empezó a comprometernos para jugar a la pelota por todo el pasillo, va a ser como una inyección de alegría para nosotras que estábamos muy tristes por la falta de Isis y la enfermedad de Carmen que, afortunadamente, parece bastante restablecida.Ahora tienen que engordar un poquito las dos.

La última foto es un montaje con mis tres "chiquitinas", Lisa e Isis, a las que hemos querido mucho y Cara, que espero sea feliz con nosotras a partir de ahora.
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| Cara y Diva |
Es de tamaño pequeña, mestiza con el pelo negro, tiene 3 años, según creo "alcarreña" de nacimiento el 20 de mayo de 2013 y su anterior dueño al no poder hacerse cargo de ella por motivos profesionales la dejó en la protectora “La Camada” de Guadalajara.
Yo llevaba ya varios días buscando una cachorrita para adoptar y creo que fue un flechazo, la vi cuándo unas niñas voluntarias la llevaban a pasear y se acerco a comprometerme haciendo “patitas”
Yo llevaba ya varios días buscando una cachorrita para adoptar y creo que fue un flechazo, la vi cuándo unas niñas voluntarias la llevaban a pasear y se acerco a comprometerme haciendo “patitas”
Estas son sus primeras fotos, en la protectora con su compañera Diva con la capita de promoción y luego "peladita" en casa.
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| Cara |
Se nos ha quedado en nada, pero es muy simpática, con muchas ganas de jugar y mucha vitalidad, creo que voy a tener que darme de baja en el gimnasio porque la tengo que bajar a pasear 4 o 5 veces al día y me lleva corriendo todo el rato.
Fue llegar a casa y empezó a comprometernos para jugar a la pelota por todo el pasillo, va a ser como una inyección de alegría para nosotras que estábamos muy tristes por la falta de Isis y la enfermedad de Carmen que, afortunadamente, parece bastante restablecida.Ahora tienen que engordar un poquito las dos.

La última foto es un montaje con mis tres "chiquitinas", Lisa e Isis, a las que hemos querido mucho y Cara, que espero sea feliz con nosotras a partir de ahora.
viernes, 21 de octubre de 2016
"Anden Cero", antigua estación fantasma de Chamberi

Perteneciente al primer tramo de la línea 1, construido del Metro de Madrid, la estación de Chamberí se inauguró el 17 de Octubre de 1919 y se cerró al público el 21 de Mayo de 1966, su cierre fue debido a la afluencia de público y al impedimento por no poder ser ampliada, ya que la estación se encontraba en una curva, y era de difícil remodelación, mientras tanto ampliaron tanto la estación de Iglesia como la de Bilbao, dándoles más de 60 m, casi uniéndose a Chamberí por ambos costados, así se quedó en desuso, durante más de cuarenta años.

Conservando todo el encanto de una estación de los años sesenta, con las máquinas de entonces, tornos, las taquillas, la caseta del jefe de estación, los bancos, estuvo durante mucho tiempo, hasta que por desgracia, los vándalos y grafiteros, descubrieron por donde entrar y destrozaron toda la belleza de esta estación “fantasma”.
Cuentan muchos conductores, que cuando pasaban a altas horas de la noche por esa estación que se veían sombras deambulando por allí, dice que eran figuras espectrales, en otras ocasiones, personas que se han colado desde alguna de las estaciones colindantes, arriesgándose la vida, para llegar a Chamberí, ya que pueden ser atropellados por algún convoy, en el corto trayecto. Describen estos arriesgados jóvenes, que cuando estaban en el interior de la estación, aparte de apoderarse las sombras de cada rincón de la misma, los sonidos eran de lo más variados, se escuchaban el girar de los viejos tornos, como se escuchaban pasos bajando las escaleras, murmullos, sensaciones, olores, dicen que la sensación vivida aquel día, también acrecentada por el estrés que les había producido el llegar allí por las vías, fue algo inolvidable.
El 25 de Marzo del 2008 se inauguró el Museo denominado “Anden Cero” el cual se puede visitar de una forma gratuita y pasear por el interior de la antigua estación, lo mismo nos encontramos una vez más con esos extraños fenómenos.
jueves, 20 de octubre de 2016
Sopa de castañas

Ingredientes:
500 gr. de castañas
1 rama de apio
100 gr. de cebolla
1 clavo
100 gr. de mantequilla
1 dl de nata y sal
En una cazuela, hacemos un caldo con la rama de apio, la cebolla y el clavo.
Dejaremos hervir a fuego medio durante una hora. Incorporamos las castañas peladas (previamente cocidas en agua hirviendo durante 20 minutos), y la mantequilla.
Trituramos hasta conseguir una crema suave y homogénea.
Para aligerar esta crema de castañas y darle un toque suave, añadiremos un poco de nata líquida.
Para acompañar esta deliciosa sopa nada como unos daditos de pan tostado, para proporcionar el contraste perfecto entre texturas.
fuente: http://sevilla.abc.es/gurme/recetas/sopa-de-castanas/
Para acompañar esta deliciosa sopa nada como unos daditos de pan tostado, para proporcionar el contraste perfecto entre texturas.
fuente: http://sevilla.abc.es/gurme/recetas/sopa-de-castanas/
miércoles, 19 de octubre de 2016
El perro Paco, el visitante más ilustre del café Fornos
En la calle Alcalá, donde hoy en día encontramos una cafetería de la cadena Starbucks solía estar el famoso Café Fornos. Era lugar de encuentro para muchos políticos, escritores y otros personajes conocidos de la sociedad madrileña, que solían pasar las horas muertas discutiendo la actualidad social, política o literaria en sus tertulias.
Se cuenta que el día de la festividad de San Francisco de Asis de 1879, un perro callejero entró en el café. Era un pequeño macho negro. Se acercó lentamente a la mesa ocupada por el Marqués de Bogaraya, que sería posteriormente uno de los alcaldes de Madrid, y se sentó a su lado. Al marqué el perrillo le hizo gracia y, como le vió con ganas de comer, le pidió un trozo de carne. En honor al santo del día llamó al perro Paco.
A partir de ese día, Paco se acercaba cada noche al café a ver a su nuevo amigo. Si el marqués no estaba alguna noche en el local, algún otro cliente le invitaba a la cena. En agradecimiento el perro acompañaba a su benefactor a casa caminando a su lado. Muchos intentaron quedárselo, pero Paco prefería vivir a su aire, libre y sin ataduras.
A medida que pasó el tiempo, Paco se convirtió en la mascota de Madrid. Se escribieron canciones en su honor, los periódicos se hacían eco de sus últimas correrías, incluso hubo dulces con su nombre y chocolatinas con su imagen. Se publicó un periódico, El Perro Paco, que reflejaba las opiniones políticas y sociales del perro. En fin, que Paco era un personaje más de la sociedad madrileña.
De hecho, Paco comenzó a asistir también a obras teatrales, e incluso a las corridas de toros que, al parecer, le gustaban bastante. Tenía la puerta abierta en todos los sitios.
En aquel entonces, la plaza de toros estaba cerca de laPuerta de Alcalá y los toreros solían ir andando desde su alojamiento hasta la plaza. Paco tenía dos toreros favoritos,Frascuelo y Lagartijo. Les esperaba en la calle, enfrente de sus casas y les acompañaba en su paseo.
Un desgraciado día de 1882 hubo corrida. Paco se encontraba entre el público. La corrida fue un desastre. Uno de los toreros estaba recibiendo una soberana pitada del público y Paco no pudo reprimir su disgusto. Se lanzó al ruedo y comenzó a ladrar al torero. Este, que debía estar de los nervios porque la faena no salía y le estaban poniendo a caldo, reaccionó de mala manera. Se ve que al no poder acabar con el astado, pensó que, por lo menos, podía acabar con el perro y no se le ocurrió otra cosa que clavarle el estoque al perro Paco. El público se volvió loco. Se dice que el matador, por llamarle de alguna manera, tuvo que ser sacado de la plaza por las fuerzas del orden ante el peligro de ser linchado allí mismo.
El pobre perrillo fue llevado al veterinario. El pueblo de Madrid vivió una profunda crisis, las gentes lloraban por la calle, los periódicos informaban constantemente de la salud de Paco, que perdía la vida a chorros.
Finalmente el perro Paco murió.
Parece ser que animalito fue disecado y estuvo en el Museo taurino hasta su cierre en 1889. Posteriormente, cuentan, se le enterró en el Retiro, pero nadie sabe donde. Como dice Ana Belén Fuentes, a Paco le pasó como a otros grandes de la historia española y madrileña. Como a Cervantes, como a Lope..... que nadie sabe dónde están sus restos.
Descanse en paz nuestro perro Paco.
Fuente: http://www.madridvillaycorte.es/personajesperropaco.php
Se cuenta que el día de la festividad de San Francisco de Asis de 1879, un perro callejero entró en el café. Era un pequeño macho negro. Se acercó lentamente a la mesa ocupada por el Marqués de Bogaraya, que sería posteriormente uno de los alcaldes de Madrid, y se sentó a su lado. Al marqué el perrillo le hizo gracia y, como le vió con ganas de comer, le pidió un trozo de carne. En honor al santo del día llamó al perro Paco.
A partir de ese día, Paco se acercaba cada noche al café a ver a su nuevo amigo. Si el marqués no estaba alguna noche en el local, algún otro cliente le invitaba a la cena. En agradecimiento el perro acompañaba a su benefactor a casa caminando a su lado. Muchos intentaron quedárselo, pero Paco prefería vivir a su aire, libre y sin ataduras.
A medida que pasó el tiempo, Paco se convirtió en la mascota de Madrid. Se escribieron canciones en su honor, los periódicos se hacían eco de sus últimas correrías, incluso hubo dulces con su nombre y chocolatinas con su imagen. Se publicó un periódico, El Perro Paco, que reflejaba las opiniones políticas y sociales del perro. En fin, que Paco era un personaje más de la sociedad madrileña.
De hecho, Paco comenzó a asistir también a obras teatrales, e incluso a las corridas de toros que, al parecer, le gustaban bastante. Tenía la puerta abierta en todos los sitios.
En aquel entonces, la plaza de toros estaba cerca de laPuerta de Alcalá y los toreros solían ir andando desde su alojamiento hasta la plaza. Paco tenía dos toreros favoritos,Frascuelo y Lagartijo. Les esperaba en la calle, enfrente de sus casas y les acompañaba en su paseo.
Un desgraciado día de 1882 hubo corrida. Paco se encontraba entre el público. La corrida fue un desastre. Uno de los toreros estaba recibiendo una soberana pitada del público y Paco no pudo reprimir su disgusto. Se lanzó al ruedo y comenzó a ladrar al torero. Este, que debía estar de los nervios porque la faena no salía y le estaban poniendo a caldo, reaccionó de mala manera. Se ve que al no poder acabar con el astado, pensó que, por lo menos, podía acabar con el perro y no se le ocurrió otra cosa que clavarle el estoque al perro Paco. El público se volvió loco. Se dice que el matador, por llamarle de alguna manera, tuvo que ser sacado de la plaza por las fuerzas del orden ante el peligro de ser linchado allí mismo.
El pobre perrillo fue llevado al veterinario. El pueblo de Madrid vivió una profunda crisis, las gentes lloraban por la calle, los periódicos informaban constantemente de la salud de Paco, que perdía la vida a chorros.
Finalmente el perro Paco murió.
Parece ser que animalito fue disecado y estuvo en el Museo taurino hasta su cierre en 1889. Posteriormente, cuentan, se le enterró en el Retiro, pero nadie sabe donde. Como dice Ana Belén Fuentes, a Paco le pasó como a otros grandes de la historia española y madrileña. Como a Cervantes, como a Lope..... que nadie sabe dónde están sus restos.
Descanse en paz nuestro perro Paco.
Fuente: http://www.madridvillaycorte.es/personajesperropaco.php
martes, 18 de octubre de 2016
Hoy cumple Olivia 2 añitos
Para su cumpleaños la hemos preparado esta felicitación. ¡Que lo pases muy bien preciosa en compañía de tu pequeño hermanito Héctor, él si que ha sido un bonito regalo anticipado, pero seguro que hoy recibirás muchos más!
¡¡¡Feliz cumpleaños chiquitina!!!
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